Separarse no es fácil. Implica dejar atrás un proyecto de vida, una idea de familia y una dinámica construida en común, para dar paso a una nueva configuración: la relación parental sin vínculo de pareja. Este tránsito conlleva desafíos complejos que, muchas veces, no pueden afrontarse en soledad.
Cuando existen hijos en común, suele intensificarse esta dificultad. La ruptura no implica el fin del vínculo entre los adultos, sino su transformación en una relación que, idealmente, debería centrarse en el cuidado de los hijos.
En términos generales, se espera que, transcurrido un tiempo prudencial -aproximadamente dos años-, los miembros de la familia puedan reorganizar sus roles y obligaciones, preservando a los NNA, en el mayor grado posible, de los conflictos propios de los adultos.
Aun así, existen familias, en las que la conflictividad se vuelve persistente y en ocasiones se intensifica. En estos casos, la construcción y sostenimiento de un plan de parentalidad se ve frustrada de manera sistemática. Los desacuerdos —muchas veces vinculados a aspectos cotidianos— derivan en consultas permanentes a los letrados y en una creciente judicialización de cuestiones cotidianas como los horarios de entrega y retiro de los hijos, la organización de cumpleaños, la vestimenta que llevan o dejan, la alimentación, la distribución de responsabilidades escolares o las actividades extracurriculares, la organización en los periodos de vacaciones y tantas otras situaciones se transforman en focos de disputa constantes, tornando ineficaz la intervención judicial, que llega cuando el conflicto ya se produjo y -en muchos casos- excede su ámbito de incumbencia.
Frente a este escenario, la Coordinación de la Parentalidad (COPA) se presenta como una herramienta específica para intervenir en familias con altos niveles de conflicto, reorientando la dinámica poniendo como foco de la mirada en el bienestar de los hijos.
Se caracteriza porque proviene de una orden judicial que designa un equipo de Coordinadores Parentales que trabaja con la familia en encuentros periódicos. En ese marco, puede intervenir en la resolución de conflictos cotidianos -como un cambio de horario circunstancial, coordinación de contacto el día del cumpleaños, lugar de encuentro cuando es necesario un cambio excepcional, cumplimiento de horarios- evitando su escalada. Su carácter normativo le permite, incluso, adoptar decisiones cuando las partes no logran consensos. Los COPA tienen un secreto profesional pero no están afectados por la confidencialidad, ya que hay un intercambio permanente con el juez o jueza, letrados, terapeutas, escuelas y demás integrantes de la red familiar, preservando lógicamente la confidencialidad de lo conversado en esos términos en sesiones individuales.
En contextos familiares, donde todo lo demás ha fracasado, la Coordinación de la Parentalidad ofrece una alternativa para reducir la conflictividad y promover vínculos familiares más saludables que prioricen a los NNA por sobre los adultos
